GLOBALIZACIÓN

Globalización y medio ambiente: Lecciones desde las Américas
Kevin P. Gallagher, Luciana Togeiro de Almeida
y Hernán Blanco

Con la llegada de este nuevo milenio hemos sido testigos de una apertura sin precedentes del mercado global. El aumento de los flujos de comercio e inversión internacionales está impulsando el fenómeno de la “globalización”: el rápido crecimiento e integración de mercados, instituciones y culturas. La velocidad con que ocurre el cambio es tan alta que muchas personas están temerosas de las consecuencias. Una serie de protestas –cuya intensidad ha venido aumentando desde la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle en 1999, las reuniones del FMI y el Banco Mundial en Washington el año 2000, la reunión de julio de 2001 del G-8 en Génova y la
reunión de la Cumbre de las Américas en Québec en abril de 2001– son ejemplos de la amplitud y profundidad de los cuestionamientos con que un creciente grupo de actores critican los potenciales impactos que puede generar un mercado global libre de obstáculos. Al finalizar la década, el proceso liberalizador se detuvo por un momento. Los intentos por extender los ámbitos
del comercio global hacia los movimientos de capital, a través de un Acuerdo Multilateral sobre Inversión y por ampliar aún más el rol de la OMC, encontraron resistencia y finalmente fracasaron. Se han planteado interrogantes fundamentales y aún se está a la espera de las respuestas.

Enfoques teóricos

Para muchos ambientalistas, cada nueva iniciativa por promover la liberalización de la economía genera interrogantes en torno al posible impacto en los ecosistemas de la Tierra y en las opciones de desarrollo de los gobiernos. Ellos perciben la liberalización como un proceso que impulsa la demanda de mayor consumo de recursos naturales y que genera presiones con miras a debilitar
la regulación ambiental. Últimamente ha surgido una nutrida literatura, tanto científica como de difusión, que intenta buscar respuesta a estas preguntas.
Se ha venido generando un consenso entre los economistas en torno a la relación entre liberalización del comercio y la inversión, por una parte, y desarrollo sustentable, por la otra. En ausencia de políticas sociales y ambientales apropiadas, la integración económica puede crear nuevos problemas para las naciones que intentan desarrollar sus economías de manera sustentable y, también, puede agravar problemas previos.
Lamentablemente, ante las innumerables prioridades que exige el proceso de liberalización, muchos países en desarrollo carecen de la capacidad necesaria para generar las políticas sociales y ambientales necesarias para facilitar y equilibrar la integración económica.

Los economistas y especialistas en desarrollo y medio ambiente han comenzado a elaborar marcos teóricos para analizar la relación comerciodesarrollo sustentable. La integración económica tiene efectos directos e indirectos en el medio ambiente y el desarrollo. Los efectos indirectos son
aquellos que requieren mayor atención y en que los economistas se han enfocado mayoritariamente. Como ejemplo de los primeros, en un estudio reciente sobre el sostenido aumento en los flujos de transporte producto del Tratado de Libre Comercio de América del Nor te (NAFTA, por sus iniciales en inglés), se descubrió que el comercio derivado del acuerdo ha
contribuido directamente a la contaminación del aire en cinco corredores de transporte fundamentales para unir el comercio de América del Norte.
Se estima que esta contaminación fluctúa entre un 3 y un 11 por ciento del total de las emisiones de óxido nitroso de fuentes móviles en las respectivas áreas, y entre un 5 y un 16 por ciento de todas las emisiones de material particulado. Un segundo efecto directo es la introducción de especies foráneas e invasivas a través del comercio. Nuevamente, el ejemplo del NAFTA es revelador, ya que se ha descubierto que el aumento en el comercio de especies invasivas genera una disminución de la diversidad biológica que a América del Norte le cuesta millones de dólares

La integración económica también puede tener efectos indirectos en el desarrollo sustentable. Los economistas han propuesto cuatro mecanismos mediante los cuales es posible observar los efectos indirectos que la liberalización del comercio y la inversión tienen en el medio ambiente y el
desarrollo: efectos de escala, de composición, de técnica y regulatorios. Los efectos de escala se dan cuando la liberalización genera una expansión de la actividad económica. Si las características de dicha actividad se mantienen sin modificaciones, pero la escala o magnitud aumenta, entonces la contaminación y el agotamiento de los recursos aumentará a la par de la producción. El aumento sostenido en los niveles de emisiones de dióxido de carbono, producto de la expansión de la economía mundial en la década de los ‘90, es citado frecuentemente como ejemplo de los efectos de escala.
Los efectos de composición se producen cuando el aumento en los niveles de comercio lleva a las naciones a especializarse en los sectores donde tienen una ventaja comparativa. Cuando esta ventaja es el resultado de diferencias en las exigencias regulatorias (por ejemplo, el efecto de “paraíso para la contaminación”), entonces el efecto de composición en el comercio agravará los problemas ambientales y sociales vigentes en los países con regulaciones más flexibles. Si las industrias “sucias” o “sin responsabilidad social” comienzan a concentrarse en las naciones con normas comparativamente débiles, se teme el inicio de una relajación de la determinación de regulaciones ambientales.

En general, no se ha producido el cambio hacia la producción sucia que muchos habían anticipado. Sin embargo, existe una gran cantidad de evidencias empíricas recientes –algunas solo son casos aislados– que respaldan esta hipótesis, con lo cual, por ende, no se descarta que puedan producirse los paraísos para la contaminación. Diversos autores describen estrategias para diseñar estrategias preventivas que permitan evitar los paraísos para la contaminación.
Los efectos de técnica, o cambios en las tecnologías de extracción de recursos y de producción, pueden llevar a una disminución de la contaminación por unidad de producción. La liberalización del comercio y la inversión puede estimular la transferencia de tecnologías más limpias hacia los países en desarrollo. Se sostiene que estos inversionistas extranjeros generalmente instalan operaciones con tecnologías y sistemas de gestión modernos, los cuales son más avanzados y menos contaminantes que los que existen en el plano local.

El cuarto mecanismo mediante el cual la liberalización del comercio y la inversión afectan el medio ambiente y el desarrollo es conocido como el efecto regulación.
En el caso de los países en desarrollo, las exigencias de la integración económica, y su dinámica, pueden distraer a las autoridades en su tarea de crear políticas e instituciones apropiadas para el desarrollo. Michael Finger, del Banco Mundial, estima que en promedio los países en desarrollo tienen que gastar 150 millones de dólares para implementar las exigencias requeridas por solo tres acuerdos de la OMC, el equivalente al presupuesto anual de desarrollo de las naciones más pobres del mundo. En una discusión de estos resultados, Dani Rodrik señala que estos compromisos implican costosas compensaciones en el ámbito de los recursos fiscales y humanos.
Grossman y Krueger sostienen que estos efectos (escala, composición y técnica) podrían combinarse para formar una relación con forma de U-invertida entre comercio, medio ambiente y desarrollo, la denominada curva ambiental de Kuznets, en la cual al principio las cosas empeoran, para luego mejorar y producir una relación positiva entre estos aspectos. Los estudios empíricos iniciales sostenían que el “punto de inflexión” en el cual las economías comenzarían a tener una conducta más positiva hacia el medio ambiente se situaba en un ingreso per cápita aproximado de US$ 5.000. Estos estudios dieron pie a generalizaciones erradas de los encargados de la formulación de políticas, quienes planteaban que el medio ambiente podía esperar, mientras el crecimiento económico en base al comercio con el tiempo y de manera natural se traducía en mejores condiciones ambientales.

Otros estudios más recientes han cuestionado tanto los hallazgos específicos como las generalizaciones más amplias de los primeros análisis. Entre las diversas limitaciones que identifica, Stern demuestra que la mencionada relación solo se pudo corroborar para un número limitado de agentes contaminantes y países, específicamente para contaminantes del aire en países de la OCDE.
En segundo término, actualmente se estima un “punto de inflexión” entre US$ 5.000 y US$ 10.000, dependiendo del agente contaminante, lo que indica que la degradación del medio ambiente podría durar décadas antes de que se produzca un giro, si acaso este efectivamente ocurre.
Martínez-Zarzoso y Bengochea-Morancho (2003), en un estudio aplicado a diecinueve países de América Latina y el Caribe, en el período 1975-1998 y tomando en cuenta bases de datos de emisiones de dióxido de carbono (CO2), concluyen que las evidencias empíricas no corroboran la hipótesis de la Curva ambiental de Kuznets. En efecto, ningún país estudiado presenta un curva con forma de U inver tida, y lo que se observa es una gran heterogeneidad en los diagramas que presentan las relaciones entre niveles de ingresos y emisiones. Una tendencia general que se observa en este estudio es un sostenido aumento en los niveles de emisiones de CO2 en la Región a contar de 1975, lo que resalta la importancia de que los gobiernos asuman la responsabilidad de poner en vigencia los compromisos del Protocolo de Kyoto.

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